Los buenos amigos nunca decepcionan. Subterráneo; amigo, compañero y excelente persona me ha hecho llegar éste maravilloso texto, que bien podría servir de epitafio para el que es y será la mejor banda de casa: Los Planetas
La
historia tenue, duradera exquisita y melancólica de una generación. La
cronología de una música castigada cara a la pared de la que tantas
veces conseguimos salir a flote gracias a ese pequeño pedazo (podrido)
de madera y debido a ese gran naufragio inducido y provocado a cosa
hecha por ella o por él. Imaginación y experiencia que ayuda a
retirarnos a descansar, a pegar, a llorar o cambiar de sitio. Hablamos
de un telón que se sube y deja soplar el frío, duro y rasposo aire
moreno que filtra la monumental Alhambra; naciendo en Granada todo es
mucho más fácil. Hablemos con esa perdonable falta ortográfica y acento
sureño mezclado con el más sinuoso ruido anglosajón; hablemos -de
nuevo-, callemos y dejemos que las imperfecciones de la longevidad
planetaria nos arrastre al oscuro lodo del que jamás podremos
salir.
Dejad
que os quieran y dejaos querer, quererlos con tanto odio como respiros
percibáis en su lineas infrasónicas. Agarraos a todos a las sillas de
mimbre y atended bien la profecía claroscura de los que quieren hacerse
notar sin llamar la atención. Huyan de prejuicios y revoquen todas sus
apuestas al caballo perdedor. Rabien, rían, lloren y consensúen el
tratamiento metodológico cuya aplicación tatuará de por vida la
desesperación de una música inconmensurable, rápida, voraz, maltratada,
desquiciada y reinventada por el paso de los años.
Ahora
borren todos sus recuerdos y empiecen por el trabajo número uno,
repítanlo mil millones de veces y obtendrán la banda sonora, la historia
y el reflejo espectral de toda una vida en modo perdedor. Agiten,
sangren, déjense llevar y acusen a quien toque; el resultado será
siempre la victoria.
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