viernes, 16 de diciembre de 2011

RHCP deslumbran Barcelona









Cinco años son los que ha dejado pasar la banda californiana para estar de regreso en Barcelona. Ayer, con un lleno indiscutible en el Palau Sant Jordi, Red Hot Chilli Peppers deleitaron al público con su energizante Rock.

Foals fueron los teloneros de excepción. Escuálidos fieles a sus raíces Británicas, estuvieron a la altura de la situación y defendieron bien un directo delante de los pocos que estaban aguardando sitio dentro. Su albúm fue elegido mejor trabajo en 2010, así que no debe ser fruto de la casualidad que Red Hot los elegiera como acompañantes en su gira.

El concierto comenzó con puntualidad inglesa de la mano del batería Chad Smith, que dio paso a las primeras notas de “Monarchy of roses”, momento en el que los asistentes se alzaron para no volver a sentarse. El siguiente en incorporarse fue Flea, al igual que si hubiera pactado con el diablo, no dejo de brincar y dar sacudidas por el escenario, de principio a fin. Siguiendo a  Flea apareció el tímido Josh  que intentó seguir el testigo, (sin conseguirlo) de su antecesor John Frusciante. El último en aparecer en escena fue Anthony Kiedis ataviado con un chaqué negro. Ya con la banda al completo se lanzaron a tocar tema tras tema, pasando por clásicos que el apelotonado público coreo a brazos alzados como “by the way” “Californication” o “Can’t stop”. Como no podía ser otra forma y haciendo gala de la marca de la casa, Kiedis y Flea quedaron a torso desnudo, exibiendo musculo y demostrando estar mucho mejor que algunos a los que doblan la edad. 


Una sobresaliente puesta en escena con una producción visual propia de los grandes, (pantallón gigantesco y otras seis pantallas móviles)  iluminaron el palau Sant Jordi.
“Give it away” fue la elegida para dar el punto y final al espectáculo, Kiedis abandonó el escenario como un soberbio divo, sin despedidas. Flea y Chad quedarón en escena a los coros de oe, oe, oe ( grito patrio) satisfaciendo a la exhausta afición. Dos horas de intensa música, sin sorpresas, sí, pero con una eficacia que solo los que sobreviven tres décadas saben lograr. 



 

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